Limpieza (II)

Qué vas a hacer hoy, me preguntó Oli. Y aunque era sólo una idea, no ya sin madurar sino ni siquiera germinada, respondí muy decidida: voy a limpiar la casa. Y a tirar penas. Se rió, claro, así que insistí: meteré tristeza en cajas y bolsas y la echaré a la basura.

-Muy bien, pequeña. Que limpies bien.

Se supone que es una cuestión de tiempo, pero mi vieja manía de acelerar las cosas, de vivir con prisa como si no dispusiese de días (y quizás sea así, puede que ese sea el miedo que me ha quedado como cicatriz) y salir corriendo y empezar de nuevo. O porque detesto esperar tiempos mejores mientras la vida avanza y me devora. Las canciones, las puestas de sol, las cigüeñas y las huellas en la arena, los cuadros de Vermeer y las películas con Matt damon, la risa en medio de la multitud, los perfiles a cotraluz; todo estaría ahí cuando las cosas mejorasen y yo volviese a ser en parte la misma (nunca igual, ya no más); pero me habría perdido tantas cosas en ese intervalo que no podría soportarlo. Y no sería justo.

Arrancar de las paredes la imagen y el olor de lo que fue y lo que planeaba ser. Amontonar risas y enfados. Desmantelar los andamios que resultaron defectuosos. Sonreír mientras lo haces, todo el tiempo, y decir “ok, gracias, mucho mejor hoy”.
Si repites esto suficientes veces, dejará de doler.

Te creo.

Limpio la cocina, el baño, cambio sábanas y lloro un poco. Al rato un mensaje de Oli pregunta cuántos contenedores he llenado. No los suficientes, digo. Pero no desisto. Una nunca sabe cuánto se acumula en una casa.

Tengo tanto amparo como puedo necesitar, no debería seguir triste. No tengo derecho a estar triste, pienso. Y al rato digo en voz alta: no tienes derecho a estar bien. Luego me arrepiento: claro que lo tiene.

Bajo al contenedor con mi bolsa y me quedo parada mirándolo un buen rato. Cuando abre su enorme boca verde lanzo el saco -no sé bien qué va dentro, a estas alturas- y murmuro una disculpa, tipo “no le hacía feliz”. O algo así. Giro talones y subo a mi casa con una sonrisa, por fin sincera.

 

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Al
    Jul 14, 2013 @ 08:54:03

    Todos tenemos derecho a ser felices… y a ser infelices tambien! Y a estar enfadados, hartos, maleducados, y borrachos, pues solo somos humanos, y nadie es perfecto… pero como te digo, tenemos ese derecho a ser imperfectos.
    Por otra parte, pienso que no se puede esperar la felicidad, ni pensar en lograrla… porque realmente no existe como plan de futuro. Vive el momento, disfrutalo si puedes o simplemente dejalo discurrir, porque eso es lo unico que existe de verdad, el presente.
    Y cuando recuerdes aquellos momentos felices que corrieron y se escaparon, piensa (porque lo sabes) que estos momentos malos, al igual que los felices, tambien se pasan.
    La vida es un vaiven constante entre momentos buenos y momentos malos… Procura aceptar que ambos vienen y van… y aunque eso ya lo sabes, y te duele en el alma, piensa que es el lastre con el que nos toca vivir a todos los de esta especie tan ridicula.

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